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MARCO POLO, COMERCIANTE EN ESPECIAS.

Marco Polo visitó por primera vez la corte de Kublai Khan en 1271, acompañado por su padre Marco y su tio Mateo. El joven Polo no sólo había recorrido la mayor parte de China y de Birmania, sino que habìa regresado a casa a través de las mismísimas islas de las especias (las Molucas), navegando por el sur del Mar de la China, atravesando el estrecho de Malaca, cruzando el océano Índico y subiendo por la costa occidental de la India hasta llegar al Golfo Pérsico. El propósito de este viaje había sido en principio el de conducir a una princesa mogol hasta su futuro esposo, el Khan de Persia. Cuando terminó el viaje sólo quedaban dieciocho de los viajeros que lo habían iniciado, incluyendo a los Polo, a la princesa y a uno de los enviados especiales de los mogoles. los demás habían muerto, es de suponer que de escorbuto, enfermedad ocasionada por la falta de vitamina C.
Cuando Marco Polo regresó a su casa de Venecia en 1295 era inmensamente rico, y si se hubiera decidido entonces a pasar el resto de su vida en el retiro dorado que le permitía la fortuna, probablemente hoy no estaríamos hablando de él, y nadie habría oído jamás ningún comentario sobre sus viajes. Pero en 1298 se desencadenó una guerra entre Venecia y su gran rival comercial, Génova. Marco Polo fue capturado en pleno mar mientras se encontraba al mando de su galera, y una vez en la cárcel, para entretener su aburrimiento, se dedicó a dictar a un companero de presidio los pormenores de sus viajes. Más adelante se transcribieron y se difundieron ampliamente, convitiendose en uno de los libros más influyentes que jamás se haya escrito.
Los contemporáneos de Marco Polo fueron bastante escépticos respecto a sus descripciones de las riquezas orientales. Le apodaban “Marco Millones”, pero no todos los italianos se rieron de su libro. Uno de ellos subrayó algunas frases sobre China como éstas: “allí hay una gran abundancia de jengibre, de nardo y de otras muchas especias. Cantón es el puerto al que arriban todos los barcos procedentes de la India, cargados de mercaderías valiosísimas…., les aseguro que por cada barco de pimienta que sale de Alejandría, o para cualquier otro destino del mundo cristiano, entran unos cien barcos en el puerto de Cantón”. Ese mismo lector, se trataba de Cristobal Colón, y ha dejado escrito su nombre en la solapa del libro que se conserva en Sevilla, leyó atentamente todo lo que relataba Marco Polo, y pensó en ello hasta convertirlo en una auténtica obsesión. Soñaba con encontrar una ruta hacia Cipango (Japón), donde los tejados de los palacios eran de oro.

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