Archivos para el mes de: enero, 2013

 Por Jorge Ruedlinger
Remitente Patagonia

A unos 26 kilómetros al sur poniente de la Isla Grande de Chiloé está la Isla Guafo. De contorno irregular, tiene una superficie de unos 170 kilómetros cuadrados.

Es una isla casi virgen, que posee vertientes y lagunas de agua dulce y una biodiversidad de alto interés científico única en el mundo.  En un 70% está cubierta por bosque nativo de coigue, mañío, tineo y otras. La pueblan muchas aves como petreles, fardelas y pingüinos de Magallanes. El mar circundante es área de vida y alimento para las ballenas jorobadas y azules, lobo fino austral, nutria de mar y delfines.

Por el año 1910 y en un lugar costero cercano al actual del muelle, faro y estación meteorológica de la armada, la sociedad Ballenera AS Pacific, liderada por dos hermanos noruegos, August y Soren Christensen, instaló una planta faenadora, una filial de la que ya tenían en la isla de San Pedro, al nororiente.  

Era gente dura en un clima hostil, en donde la mano de obra se recibía sin hacer demasiadas preguntas. La actividad depredadora no sólo alcanzó a las ballenas, sino también a las loberías, en donde la presa favorita eran los lobeznos, por su piel. Eran ultimados a golpes. Los viejos marinos chilotes contaban que las lobas gemían igual que una mujer a la que le masacraban sus hijos.

Había pocas diversiones allí, y en las largas noches y domingos de lluvia y frío sólo el vino, el aguardiente y los naipes amenizaban el ocio. En los barcos habían llegado ratones, y los capturaban en aquellas antiguas jaulas de compuerta donde el animal quedaba atrapado por conseguir una carnada, le envolvían en la cola una tela impregnada en combustible, la prendían y los soltaban. Si luego se salvaba de los puntapiés, el pobre animal iba a morir lejos.

Tal fue el destino de un ratón en una noche de verano de 1912. Luego del jolgorio, la gente se fue a acostar.

Ese fue el último ratón.

Se presume que fue a morir bajo la leña adosada a la cocina. Cuando alguien alertó del incendio, apenas pudieron salvar con vida. Las grandes construcciones eran de madera, unas junto a otras o unidas por pasadizos de madera para capear el clima. El devastador incendio acabó con todo, y la empresa decidió no reconstruir.

¿A cuántos cientos o miles de ballenas y lobos salvó ese incendio?

Ciertamente, si algún día esos animales forman un sindicato, lo primero que deberían hacer es levantarle un monumento a ese ratón. 

Hoy, el hábitat de las ballenas y lobos y la isla misma pueden verse afectados. Aquellos por el intenso tráfico marítimo que supondría la explotación del carbón y ésta porque tal “labor productiva” arrasará en  un 40% la superficie de la isla por parte de la firma South World que ha confirmado la compra de las pertenencias mineras. La Federación Huilliche de Chiloé ha expresado su preocupación ya que la isla ha sido usada históricamente por esa etnia como refugio durante faenas de pesca.

Contra estos nuevos depredadores, ¿habrá otro ratón que salve a la Isla Guafo?

camellos

Una larga caravana de camellos avanzaba por el desierto hasta que llegó a un oasis y los hombres decidieron pasar allí la noche.

Conductores y camellos estaban cansados y con ganas de dormir, pero cuando llegó el momento de atar a los animales, se dieron cuenta de que faltaba un poste. Todos los camellos estaban debidamente estacados excepto uno. Nadie quería pasar la noche en vela vigilando al animal pero, a la vez, tampoco querían perder el camello. Después de mucho pensar, uno de los hombres tuvo una buena idea.

Fue hasta el camello, cogió las riendas y realizó todos los movimientos como si atara el animal a un poste imaginario. Después, el camello se sentó, convencido de que estaba fuertemente sujeto y todos se fueron a descansar.

A la mañana siguiente, desataron a los camellos y los prepararon para continuar el viaje. Había un camello, sin embargo, que no quería ponerse en pie. Los conductores tiraron de el, pero el animal no quería moverse.

Finalmente, uno de los hombres entendió el porqué de la obstinación del camello. Se puso de pie delante del poste de amarre imaginario y realizó todos los movimientos con que normalmente desataba la cuerda para soltar al animal. Inmediatamente después, el camello se puso en pie sin la menor vacilación, creyendo que ya estaba libre.

Este cuento nos enseña como nos limitan las creencias y no la realidad. ¿Tu eres como este camello, estás atado sin cuerda? ¿A qué esperas para comenzar a caminar?

Fuente: cuento Sufi.

Daniel Pennac: “leer no es un imperativo”

por Pablo E. Chacón
Publicado por Agencia Telam.
libro Daniel Pennac
En “Señores niños”, el escritor francés Daniel Pennac retorna sobre uno de sus tópicos, el de la lectura por placer, esta vez bajo la figura de niños que se vuelven hombres y hombres que se vuelven niños: una inversión que le permite reflexionar sobre el estatuto de la identidad y sobre la imposibilidad lógica de ponerse en el lugar del otro.
El libro —publicado por el sello Random House Mondadori— disfrazado de fábula, pone en acto, una vez más, la máxima que organiza la literatura del autor de “Mal de escuela”: “leer no es imperativo”.

Pennac nació en Casablanca (Marruecos) en 1944. Hijo de un militar francés, después de una infancia entre Africa y el sudeste asiático, se licenció y comenzó a trabajar como profesor de lengua y literatura en un liceo en París.

Sus primeros libros —catalogados como infantiles— no oscurecieron su primer gran éxito de ventas, “Como una novela”, un ensayo de amor incondicional por la lectura, que tiene como eje un decálogo para todo buen lector.

Esto es, “el derecho a no leer”; “el derecho a saltarnos páginas”; “el derecho a no terminar un libro”; “el derecho a releer”; “el derecho a leer cualquier cosa”; “el derecho a leer en voz alta”; “el derecho al bovarismo”; “el derecho a leer en cualquier lugar”; “el derecho a hojear”; y “el derecho a callarnos”.

Con el éxito que alcanzó la saga “El señor Malaussene”, Pennac dejó la enseñanza (nunca la pasión didáctica) pero pudo dedicarse sólo a la escritura. “Señores niños” se publicó en francés en 1997.

Fundado sobre esos diez postulados, la novela transcurre en una escuela, pero es narrada desde una tumba del cementerio de Pere-Lachaise, en París, por Pierre, el padre de Igor, uno de los tres jóvenes protagonistas de la novela.

Castigados por un profesor al que los alumnos ofenden, serán castigados con una redacción —obligatoria— sobre el tema de despertar adultos y los padres, los padres de los alumnos, niños. ¿Cómo sería amanecer en un mundo que sin ser freudiano algo de ese orden deja pasar?

¿En qué sentido? En el sentido de que en el adulto más que dormir, habita un niño que se queja de su inadaptación estructural a un mundo hostil, desamparado y librado a sus propias tendencias, algunas veces autodestructivas.

Sin embargo, Pennac transforma toda esa doxa en un aventura febril y atravesada por los múltiples malentendidos de la identidad, que causan tanta o más gracia que la repetición en un diván de una historia que no es la historia vivida sino la recordada.

Pero sobre todo, la dificultad de encarnar una nueva identidad, de carecer del cuidado del adulto, de ignorar del otro todo o casi todo; y al revés, de volver a una pubertad ignorada sin saberlo o no ignorar que se sabe que la pubertad tampoco fue un jardín de rosas.

Pennac demuestra manejar teorías y conceptos pero que la clave está en su habilidad para hacer de esos instrumentos personajes, situaciones, acontecimientos donde lo insólito es amo, señor de una gracia única, dolorosa por verdadera, nunca dramática.

Lejos de las tramas eruditas, casi musicales de algunos de los mejores escritores franceses, Pennac, quizá junto a Philippe Sollers, encubre su erudición con un sentido del humor muy particular desde la primera frase de “Señores…”: “la imaginación no es la mentira”.

Esa idea, que desbarata otra (que la ficción es una suerte de mundo alternativo a la dureza del mundo real), muy frecuentado por el llamado realismo mágico latinoamericano, es una de las claves de la lectura de este texto.

El escritor francés reivindica otra vez el placer del texto, no la obligación de la lectura; e identifica a la escuela, no como un campo disciplinario pero que sobre la lectura suele operar muchas veces como si lo fuera.

El diseño perfecto.

La vida crea un diseño diferente supongo para cada momento… entrever esto delimita nuestra felicidad o nuestra tristeza.
Las angustias vienen de los agujeros que se abren en el pecho de los que aman con pasión y descubren que su amor es infinito.
El ruido comienza cuando el desencuentro roza los cuerpos que se extrañan y se imploran y se desandan en los sueños truncos de cada noche.
La vida, de todas maneras nos da ese magnifico sentir, incondicional, certero, sublime, único, majestuoso una sola vez. Para que? Porqué? Cuando? Como? siempre serán preguntas sin respuesta. Uno debe agradecer eternamente ser parte de ello.
Entonces… respirar profundo y ver mas allá del corazón para acomodarse en el placer de tenerlo es lo que, intuyo, nos hará felices.
Hasta el día en que los ruidos desaparezcan de una buena vez y la música sacuda la tensión que produce estar lejos de uno mismo (que es el otro) y viceversa.
Hasta el día en que la mágica humedad del beso descubra por fin, el diseño ideal para el que cada uno fue creado. El diseño perfecto.Imagen