ALFREDO SÁBAT

En 1813 Francisco de Goya y Lucientes pintó “Los fusilamientos del 3 de mayo de 1808 en la montaña del Príncipe Pío”. Para mí, uno de los dos cuadros más conmovedores que se hayan pintado (el otro es el Guernica). Los dos hablan de lo mismo: el hombre es una máquina de matar, no hay inocentes que valgan, no evolucionó, fue así en el pasado y va a ser así sempre. Pude verlo en el Prado y lloré desconsolado.
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En 2007 participé en el concurso “Kosovo Cartoon”. El tema era “Noticias”. Mandé este dibujo y gané el primer premio. Acá me metí, a través de mi admirado Goya, a hablar de un tema que a mí me preocupa y para el que no tengo respuesta: ¿Cuál es el límite del periodista? ¿Hasta dónde se puede meter en la noticia que cubre? Si ve una atrocidad, ¿la muestra? Si lo hace, ¿colabora con esa atrocidad? ¿Debe en cambio dejar su herramienta de trabajo y tratar de parar esa atrocidad? ¿Le corresponde hacerlo?
Cuando viajé a Kosovo para recibir el premio me sorprendió encontrar pocos rastros de una guerra espantosa. Pero ellos tenían una respuesta clara a mi duda: “Si la CNN no hubiera mostrado lo que pasaba acá, Clinton no bombardeaba y no paraba la guerra”. Ta bien, Clinton tenía que disimular lo de la Lewinsky, pero a ellos no les importa. Igual me queda la duda, sintiéndome periodista, qué es lo correcto. Goya nunca paró de denunciar lo que veía, y a los ochentaytantos escribió “Todavía aprendo”. Tal vez la respuesta esté ahí.

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