“AMANTES”
de Julián Beccaria
Publicado por Tela de Rayón

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Ella y yo estábamos tirados en quién sabe dónde, quién sabe cuándo. Y mirábamos las estrellas y nos reíamos, entre besos y miradas e inseguridades.Esas inseguridades de no saber qué va a pasar con cada inconcluso sentimiento del cuerpo, o de no saber cuándo la muerte nos alejaría, aunque supiéramos quesería físicamente y no de verdad. La única verdad que teníamos en ese momento es que estábamos ahí, el uno con el otro, fundiéndonos en un silencio armonioso, diciéndonos todo sin pronunciar palabra. Riéndonos de tener la dichosa desdicha de haber nacido y respirar, y de habernos cruzado y de respirarnos. Qué simpleza tan rebuscada esconden esos momentos planceteros en los que me salgo de mi cuerpo para irme a deambular a tus sueños, y tal vez a los de algún vecino, si sobra tiempo. Y ese día no existía el tiempo, solo existíamos nosotros incontextualmente abrazados, observándonos, oliéndonos,sintiéndonos el alma pura e invisible que nos brotaba del corazón del otro,como conociéndonos después de conocernos, como liberándonos transitoria e inmemoriosamente para fundirnos descalzos en esa cosita rara que nos aturdía pero nos gustaba, y que no podíamos describir pero nos habían contado que se llamaba amor. Y no nos arriesgábamos a encasillarlo con palabras, ese lenguaje tan útil e inútil, tan inexacto: lo encasillábamos con besos, tocándonos cada segundo del cuerpo en cada centímetro del tiempo que estuvimos allí. Maldito tiempo que perdura en la ansiedad y se vuela ante nuestros atónitos ojos cuando luchamos por enjaular esos momentos para que no terminen nunca. Y dejábamos las letras y las palabras y los lenguajes para después, cuando bajáramos de la luna y del embelesamiento y de los pensamientos y de las certidumbres. Las dejábamos para cuando volviéramos a ser inconclusos, para cuando volviera la duda, pero en ese momento, de un segundo o de mil años, no las necesitábamos, no necesitábamos más que vernos, y hasta incluso sin mirarnos, para entender todos y cada uno de nuestros miedos, y un poquito también, aunque fuera más difícil,todas o algunas de nuestras sutiles certezas.

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