El 07 de abril de 1947 muere en Dearborn, Míchigan, Estados Unidos, Henry Ford (1863-1947). Ford creó la “Ford Motor Company” (1903), ofreciendo el doble de sueldo que las demás compañías y recibiendo por ello a las personas más experimentado proveniente de otras compañías. En 1908 apareció en el mercado el “Ford T”, un automóvil sencillo de conducir y barato, logrando colocar el automóvil al alcance de las clases medias y comenzando la era del consumo en masa.

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Fragmentos del libro “EL MADRYN OLVIDADO” de JUAN MEISEN.

FORD T- El automóvil genial con mucha historia en la Patagonia.
Sin lugar a dudas Henry Ford fue un genio, un genio que nació en el momento preciso y en el lugar mas oportuno para que nazca un genio, por ello el gran triunfo en la vida, tanto como inventor como constructor y como comerciante. El Ford T venía de Estados Unidos en un cajón de unos dos metros con ochenta de largo, por unos escasos dos metros de alto como de ancho. De fábrica venía con las gomas infladas, con aceite y agua. El cajón tenía su parte exterior de madera de pinotea cepillada y machimbrada, armado con clavos estañados y bulones en todos sus costados y en la parte interior totalmente forrado con una chapa de zinc puro y con ventiluces con gruesa tela metálica para los respiraderos. Se sacaba una de las cabeceras y salía el nuevo auto, igual como puede nacer cualquier pollo. En esos momentos era un auto muy chiquito, pero se colocaban los guardabarros y estribos con sus respectivos zócalos y ya empezaba a crecer. Se le armaban los parantes de los 2 vidrios del parabrisa, los faroles, se desplegaba la capota y ya quedaba convertido en un auto grande. Luego comenzaban los accesorios; tacitas en las 4 mazas de ruedas, cortinas en las puertas, cajas de herramientas y repuestos en los estribos, llantas de auxilio en la parte posterior, los soportes de la capota plegada y el claxon. Se le vaciaba una lata de nafta en el tanque y ya teníamos listo el auto para su primer paseo por este mundo. La precisión Ford era tal, que como ahora, se lo armaba todo y se enviaba a cualquier mercado del mundo sin probar, seguros que una vez desembalado y completada su carrocería, seguro…pero seguro que salía funcionando correctamente. No traían ni bomba de agua, ni magneto de alta tensión ni caja de cambios y con un solo elástico delantero y uno trasero. Todas las piezas que lo componían eran intercambiables de un auto a otro o de un modelo a otro.
Un señor que tenía coche de alquiler marchaba con sus pasajeros rumbo al norte, cuando en determinado momento se le salieron los bulones a una biela y el cigueñal la golpeó y rompió el motor, sacando la biela por un agujero que se le hizo en el block. Cuando levantaron el capot y vieron tremendo boquete en el motor, por donde asomaba un trozo de hierro torcido, humo y aceite, los pasajeros creyeron que se quedarían tirados en el camino hasta tanto pasara alguien que los pudiera llevar al pueblo mas cercado que estaba a unos 80 Km. La desesperación parecía aumentar por lo que decidieron bajar sus equipajes para improvisar un campamento, pero el chofer, ducho en estos motores, los tranquilizó con un; “no bajen nada que enseguida continuamos viaje” y sacando de su bien provisto cajón de herramientas un rollo de alambre, empezó a atar la biela salida para que no pueda introducirse nuevamente en el motor y hacer otra rotura, que esta vez sí los dejaría varados. Cuando la biela quedó bien asegurada, preguntó “¿ alguien de ustedes me puede prestar una alpargata ?”. Conseguida ésta la colocó sobre el boquete y también la aseguró con alambre…puso en marcha el motor y tre, tre, tre, tre, tre, en tres cilíndros llegaron a destino.
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