Archivos para el mes de: septiembre, 2014

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Miguel Angel Morelli *

“Un poco más… un poco más…” -balbucea. Le faltan apenas algunos centímetros y la tarea, por fin, habrá sido realizada. Sísifo lo sabe y empuja sacando fuerzas de allí donde solamente hay orgullo. Por fin el sol le da pleno en la cara y hasta lo obliga a cerrar los ojos. Lo ha logrado. La piedra se columpia al borde del precipicio mientras él se quita el sudor de la frente. ¿Qué dirán ahora los dioses? ¿De qué podrán acusarlo, si la condena ha sido ya cumplida? Ya es libre. Finalmente es libre.
Nadie puede saber qué cosa es lo que un hombre necesita para continuar viviendo. A veces, ni siquiera él mismo. Con el corazón todavía alborotado, Sísifo echa una última mirada al horizonte, apoya su espalda contra la piedra y la empuja hacia el abismo. No hay victoria. Y si la hay, toda victoria es íntima, secreta.
Mañana, apenas raye el alba, deberá volver a intentarlo. Abajo, en la penumbra, una piedra espera.

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* Miguel Ángel Morelli es un escritor y periodista argentino nacido en Coronel Suárez en 1955 y residente en Quilmes (provincia de Buenos Aires).Como poeta, ha editado cinco títulos. También participó en diversas antologías de Argentina y países de Hispanoamérica. Entre los especialistas que han abordado la poética morelliana, merecen destacarse los trabajos de los doctores Luis Alberto Vittor, de la Universidad Argentina John F. Kennedy, y John Andrew Morrow, de la Northern State University de Aberdeen (Dakota del Sur), quien tradujo parte de su obra tanto al inglés como al francés

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De todos los laberintos que he conocido, el amo indiscutible ha sido Borges. Ningún Teseo antiguo o moderno se ha movido jamás con soltura semejante. Dédalo siete meandros, Borges infinitos laberintos de mazes como jardines de Andre le Notre en Versalles, como escondites para el amor de Caboni en la Villa Pisani, como los acaracolados de Dios en lo impenetrable del mar, en lo inaccesible del cielo o en lo profundobscuro del alma. Arquitecto de pasadizos misteriosos, de encrucijadas alephianas y serpenteantes rizomas. Un laberinto no es más que eso, no importa si su forma es univiaria, arbórea, Hampton Court u ovoidal, siempre será lo mismo: un pedacito de los pensamientos de Borges, yendo y viniendo por las páginas de un libro, andando y desandando círculos, sueños y espejos que replican una imagen: un pedacito de los pensamientos de Borges, yendo y viniendo por las páginas de un libro, andando y desandando círculos, sueños y espejos que replican una imagen: un pedacito de los pensamientos de Borges, yendo y viniendo por las páginas…

Rata Carmelito -Poesía y locura

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SOBRE EL AGOTAR A LAS PERSONAS

Una persona se agota cuando la consideramos un recurso o un espejo. Se agota cuando nos aferramos, cuando compramos su libertad a cambio de amor. Se agota cuando se cansa de cargar con nuestras expectativas, cuando se harta de simular para caber en su rol, cuando ya no puede ser espontánea con nosotros porque está tratando de acomodarse.

Agotamos cuando nuestro amor o nuestro odio es intenso pero mezquino, cuando ese amor o ese odio quiere “todas las perdices”, no se contenta con la única perdiz, la necesaria y la suficiente. Pasa que abusamos de la gente, eso es agotarlos.

Agotamos a una persona cuando la tenemos prisionera de un afecto, cuando especulamos, cuando usamos la lógica del comerciante, cuando llevamos una libreta donde apuntamos todas sus faltas y luego vamos, como infames recaudadores, a cobrárselas.

Agotamos si celamos, pero también si descuidamos al otro. Agotamos a una persona querida cuando nuestro querer está repleto de exigencias, cuando hemos hecho contratos, cuando estamos llenos de promesas incumplidas y cuando la volvemos a atar a una nueva promesa.

Agotamos cuando lo que amamos en el otro es el amor que nos tiene.Una persona se agota si nosotros, como parte de su historia personal, le infringimos cautiverio, la arrinconamos a su pasado, no la dejamos ser por nuestros prejuicios, creemos saber todo de ella y la damos por sentada, despreciamos sus intentos de cambio.

Un guerrero si ama, no agota a su amado. Porque trata siempre de tener ojos nuevos para la relación, porque hace que fluya creativamente, porque hace ofrendas y no exige, ni corrige, ni tolera, ni simula, ni amenaza. Un guerrero cuando ama se da, pero no da lo que no puede, lo que es ilegítimo mantener como propio en una relación de poder: su libertad.

Diego Galo Ulloa, Mendoza, Argentina.

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COMIENZO A SOSPECHAR

Todos sabemos que no existe nada menos serio ni nada más serio que las palabras.
Les asignamos en forma absolutamente arbitraria un poder inusitado, sobrehumano. Incluso hay gente dispuesta a matar y a morir por algunas de ellas, como “patria”, “bandera”, “mío”, “dios”, “amor”, “honor”, etcétera
Pero ellas no son más que unos pájaros traviesos desafiando su propia fragilidad para detenerse en el aire, aunque sea por un instante.

No tienen la culpa de nada.

No tengo ni me interesa tener una definición de poesía. Lo único que sé es que prefiero mil veces ser compañero del día en su agonía que un simple esperador de la medianoche. Prefiero ser un moridor que un vividor; un francotirador con mala puntería antes que un tirador escogido; un amante antes que un amo; un pervertidor antes que un traidor; un palabrista antes que un malabarista; un alacrán antes que una mariposa disecada.
Las palabras son como el sexo, no tienen una mera función reproductiva; también sirven para gozar y sufrir. Y a veces, cuando todo sale bien, vivir la dulce agonía de la pequeña muerte.

Comienzo a sospechar que este oficio consiste básicamente en sembrar ventanas.

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Mauricio Feller, poeta y periodista chileno

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Imagen: Fuente de Canto, Martín Barea

Nâzim Hikmet *

Colección «Poesía del Oriente y del Mediterráneo»

LOS CANTOS DE LOS HOMBRES

Los cantos de los hombres son más bellos que los hombres,
más esperanzados,
más tristes
y de más larga vida.
Más que a los hombres he amado sus cantos.
He podido vivir sin los hombres
pero nunca sin sus cantos.
Nunca me engañaron los cantos.

Cualquiera que fuera su lengua, siempre los he comprendido.

En este mundo, ni la comida, ni la bebida,
ni los paseos,
ni las cosas que he visto, oído,
palpado, comprendido,
nada, nada,
me ha hecho tan feliz como los cantos…

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* Nâzim Hikmet (1902-1963) es considerado en Occidente el poeta más importante en lengua turca del siglo XX. Transformó la poesía de su país, liberándola de los ya gastados corsés de la métrica otomana y haciéndola entrar de lleno en la modernidad. Trece años de cárcel y otros tantos de exilio le valieron el compromiso con su pueblo y su negativa a doblegarse ante quienes quisieron acallar su voz.
Uno de sus poemas, traducido al inglés como “I Come and Stand at Every Door”, musicalizado por varios cantautores norteamericanos (entre ellos Pete Seeger y los Byrds), da la palabra a un niño de siete años fallecido en Hiroshima, y es uno de los más duros alegatos contra la guerra jamás escritos.

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Foto: revista “Pájaro de fuego” nro 6, de abril de 1978

Miguel Angel Morelli

EL BORGES NUESTRO DE CADA DIA

Corría el año 1935. Enfermo de mal de amores, desencantado con la imagen del regordete cegatón que le devolvía el espejo, Borges decidió que era un buen momento para suicidarse. Evaluó posibilidades: la navaja resultaba, según su criterio, harto peligrosa y no garantizaba gran éxito; el cianuro podía venir adulterado, con lo que haría más larga la agonía (ignoraba que tres años después el propio Lugones agonizaría sin consuelo). Lo más efectivo, sin duda, era el revólver. Un solo balazo y se acabó. Entonces compró uno, calibre 22, en cierta armería de la calle Entre Ríos, y a la pasada -acaso para que la jugada resultase más literaria- una novela usada de Ellery Queen. Ya en Constitución, abordó el tren que habría de llevarlo al sur, a Adrogué. Porque el lugar elegido era el mismo adonde habían transcurrido muchas de sus vacaciones de infancia: el hotel Las Delicias.

Sin embargo el hecho no se consumó. ¿El motivo? Existen al menos cuatro conjeturas, a saber:

1 – Mario Paoletti, en “Las novias de Borges”, cuenta que sencillamente se quedó dormido (él, el gran insomne) y que al despertar ya había mudado de opinión. Sé de varios que suscriben esta tesis.

2 – Otros aseguran que lo primero que hizo al llegar fue llenar la bañera con agua hirviendo (cosa rara, porque nadie que se dispare un balazo en la sien muere desangrado), y que al intentar meterse se quemó los dedos del pie, con lo cual dio el salto que lo terminó de sacar del sopor suicida.

3 – Existen también quien sospechan que nada de esto ocurrió; que Borges, al conocer de los límites imprecisos entre la vida y la ficción, siempre supo que pensar en matarse equivalía a hacerlo, de modo que concluyó en que ya con el solo hecho de imaginarlo de alguna manera se había suicidado para siempre.

4 – Mi conjetura, en cambio, es otra: siempre supe que aquella noche hubo balazo, y una leve agonía que duró apenas unos segundos, y un silencio interminable, y finalmente un cadáver. Borges fue sepultado en la Recoleta, como correspondía a los de su clase, y cada cual volvió presuroso a sus asuntos. El otro Borges, el que le sobrevivió desde aquel infortunado invierno del ’35 y hasta junio del ’86, no fue más que un sueño, una invención colectiva. Borges es el nombre que le hemos dado los argentinos a una cierta manera de pensarnos, de polemizar, de contradecirnos. De algún modo fue necesario que Borges muriera aquella noche, allá en Adrogué, para que Borges pudiera venir a enseñarnos que el hombre no es más que un muerto que conversa con los muertos.

Ilustración de Juli Cady Ryan
Ilustración de Juli Cady Ryan

Rogelio Guedea *

ELLA ES YO

Porque te conozco
porque adivino a qué horas
en qué rincón

porque te descubro leyendo las cartas
tristes que te envío
los besos al mayoreo
los regaños que firmas con tu nombre

porque entiendo que no gustas de lavar
un calcetín
y no de salir en las mañanas a comprar
para el almuerzo
el pan de ausencia que habrá de consolarte

porque un botón de la camisa que me pongo
a diario
de la única camisa de hombre bueno
que me queda
te hace llorar hasta el fondo de mí
y me hiere

porque estás conmigo
y sé lo que tú eres
me conozco.

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* Rogelio Guedea es un poeta, novelista y traductor mexicano nacido en Colima en 1974. Actualmente es columnista de varios periódicos mexicanos y profesor de la Universidad de Otago en Nueva Zelanda.
Tiene una amplia obra poética. Ha recibido importantes galardones con las obras “Mientras olvido” Premio Internacional de Poesía Rosalía de Castro en 2001; “Razón de mundo” Premio Nacional de Poesía Amado Nervo en 2004; “Fragmento” Premio Nacional de Poesía Sonora en 2005, y “Kora” Premio Adonáis en 2008.

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de Miguel Angel Morelli

Es fama que el argentino Adolfo Bioy Casares y la mexicana Elena Garro formaron una de las parejas de amantes más explosivas de la literatura. Bioy estaba casado con Silvina Ocampo y Garro con Octavio Paz. Tan sólida y bien avenida resultaba la pareja antes los ojos del resto del mundo, que Ocampo y Paz decidieron tomar venganza. Ignoro si con la idea de matar a sus cónyuges de sendos balazos o para matarse también ellos, de amor, en una pieza de hotel. Lo cierto es que se citaron, una tarde, en una esquina de París. Claro que no contaron con dos detalles insignificantes: en esa esquina había dos cafeterías y ellos, encima, eran extremadamente cortos de vista, de modo que llegaron, esperaron, esperaron, y se terminaron mandando a mudar, ofendido cada uno con el otro. Recién al cabo de los años descubrieron el error, pero ya era tarde… para amarse.

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Imagen: Biblioteca de la antigüedad

Jorge Luis Borges

Emerson dijo que una biblioteca es un gabinete mágico en el que hay muchos espíritus hechizados. Despiertan cuando los llamamos; mientras no abrimos un libro, ese libro, literalmente,geométricamente, es un volumen, una cosa entre las cosas. Cuando lo abrimos, cuando el libro da con su lector, ocurre el hecho estético. Y aun para el mismo lector el mismo libro cambia, cabe agregar, ya que cambiamos, ya que somos (para volver a mi cita predilecta) el río de Heráclito, quien dijo que el hombre de ayer no es el hombre de hoy y el de hoy no será el de mañana. Cambiamos incesantemente y es dable afirmar que cada lectura de un libro, que cada relectura, cada recuerdo de esa relectura, renuevan el texto. También el texto es el cambiante río de Heráclito.

La poesía es el encuentro del lector con el libro, el descubrimiento del libro. Hay otra experiencia estética que es el momento, muy extraño también, en el cual el poeta concibe la obra, en el cual va descubriendo o inventando la obra. Según se sabe, en latín las palabras “inventar” y “descubrir” son sinónimas. Todo esto está de acuerdo con la doctrina platónica, cuando dice que inventar, que descubrir, es recordar. Francis Bacon agrega que si aprender es recordar, ignorar es saber olvidar; ya todo está, sólo nos falta verlo.

Cuando yo escribo algo, tengo la sensación de que ese algo preexiste. Parto de un concepto general; sé más o menos el principio y el fin, y luego voy descubriendo las parte intermedias; pero no tengo la sensación de inventarlas, no tengo la sensación de que dependan de mi arbitrio; las cosas son así. Son así, pero están escondidas y mi deber de poeta es encontrarlas.

Bradley dijo que uno de los efectos de la poesía debe ser darnos la impresión, no de descubrir algo nuevo, sino de recordar algo olvidado. Cuando leemos un buen poema pensamos que también nosotros hubiéramos podido escribirlo; que ese poema preexistía en nosotros.

de SIETE NOCHES (Noche quinta, 1980)

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SEAMOS FRANCOS

Seamos francos:
uno está un poco enamorado
de casi todas las mujeres
algo de unas cuantas
bastante de muy pocas
y perdidamente de una sola
Por suerte yo sé dónde está
cómo se llama
cómo saben sus besos
cuál es su lado de la cama
con qué palabras debo hablarle
y hasta qué caligrafía debo usar para escribirla

Mauricio Feller, poeta chileno