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De todos los laberintos que he conocido, el amo indiscutible ha sido Borges. Ningún Teseo antiguo o moderno se ha movido jamás con soltura semejante. Dédalo siete meandros, Borges infinitos laberintos de mazes como jardines de Andre le Notre en Versalles, como escondites para el amor de Caboni en la Villa Pisani, como los acaracolados de Dios en lo impenetrable del mar, en lo inaccesible del cielo o en lo profundobscuro del alma. Arquitecto de pasadizos misteriosos, de encrucijadas alephianas y serpenteantes rizomas. Un laberinto no es más que eso, no importa si su forma es univiaria, arbórea, Hampton Court u ovoidal, siempre será lo mismo: un pedacito de los pensamientos de Borges, yendo y viniendo por las páginas de un libro, andando y desandando círculos, sueños y espejos que replican una imagen: un pedacito de los pensamientos de Borges, yendo y viniendo por las páginas de un libro, andando y desandando círculos, sueños y espejos que replican una imagen: un pedacito de los pensamientos de Borges, yendo y viniendo por las páginas…

Rata Carmelito -Poesía y locura

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