Archivos para el mes de: noviembre, 2014

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Marosa di Giorgio *

MISAL CON DIENTES DE AJO

Era un ajo, y sin saber él mismo cómo, estaba ahí en ese estante del aparador. Estaba como todo ajo envuelto en gasa; y tenía varios dedos, o hijos, o testículos; apretados y de tamaño diverso. Por ellos, bajo la gasa, estaba constituido. Y en algún lugar de su ser había también un microscópico cerebro con el que iba registrando todo lo de la casa, sus acciones y sus seres.
Algunos decían: -Mira ese ajo. Pero… qué…!

Él quedaba trémulo.

Se obsesionó por la niña de la casa. La espiaba cuando iba y venía, siempre bajo los velos, blanca como el cristal y el alabastro. No tendría mas de quince, pero por algo que a veces le pasaba por el rostro, representaba treinta. Llevaba una muñeca y un misal. Iba por igual a la capilla y a la escuela.

Un día, porque sí se arrojó en el piso, e hizo ejercicios raros. Él resistió vibrando.
Luego ella se iba a la alcoba y se cerraban esas puertas. Muy de tarde, la señora de la casa lo tomó entre los dedos y dijo: -Pero este ajo?… A ver… A la olla, ya…! O qué?
Pero, después, como si hubiese percibido algo extraño lo dejó allí. Él se dijo: -¡Ah, no! Tengo que proceder. Estoy en peligro. Casi me hierven. Casi…

En eso pasó la niña de paso hacia la alcoba. (Ya había venido la noche negra.) Se le colgó en los velos. Ella entró a su cuarto, cerró la puerta, se despojó de todo. Era blanca y olvidadiza, infinitamente. Y algo lista, también.
Se estiró en la cama debajo de una gasa y se quedó dormida.

Él esperó un instante y luego con un tic le saltó encima. Le recorría el busto, la cintura breve, la barriga dulce. Encontró el sitio obsceno. Merodeó, golpeó y se introdujo. Ella dormida, casi clamó a los padres, pero se dio cuenta. Y fingió seguir durmiendo.

* Marosa di Giorgio Medici (1932-2004) es una poetisa uruguaya que también se aventuró con la prosa erótica y la novela. En su obra, un canto a la naturaleza y a sus mutaciones, la mitología es una constante. Es una de las voces poéticas más singulares de Latinoamérica.
El conjunto de su obra, reunida en «Los papeles salvajes», se amplió con dos volúmenes que incluyeron «La liebre de marzo»,
«Mesa de esmeralda», «La falena», «Membrillo de Lusana» y «Diamelas de Clementina Médici».

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Rodolfo Fogwill *

LLAMADO POR LOS MALOS POETAS

Se necesitan malos poetas.
Buenas personas, pero poetas
malos. Dos, cien, mil malos poetas
se necesitan más para que estallen
las diez mil flores del poema.

Que en ellos viva la poesía,
la innecesaria, la fútil, la sutil
poesía imprescindible. O la in-
versa: la poesía necesaria,
la prescindible para vivir.

Que florezcan diez maos en el pantano
y en la barranca un Ele, un Juan,
un Gelman como elefante entero de cristal roto,
o un Rojas roto, mendigando
a la Reina de España.

(Ahora España
ha vuelto a ser un reino y tiene Reina,
y Rey del reino. España es un tablero
de alfiles politizados y peones
recién comidos: a la derecha, negros, paralizados, fuera del juego).

Y aquí hay torres de goma, alfiles
politizados y damas policiales
vigilando la casa.

A la caza del hombre,
por hambre, corren todos, saltan
de la cuadrícula y son comidos.

Todo eso abunda: faltan los poetas,
los mil, los diez mil malos, cada uno
armado con su libro de mierda. Faltan,
sus ensayitos y sus novela en preparación.
Ah.. y los curricola,
y sus diez mil applys nos faltan.

No es la muerte del hombre, es una gran ausencia
humana de malos poetas. Que florezcan
cien millones de tentativas abortadas,
relecturas, incordios,
folios de cartulina, ilustraciones
de gente amiga, cenas
con gente amiga, exégesis, escolios,
tiempo perdido como todo.

Se necesitan poetas gay, poetas
lesbianas, poetas
consagrados a la cuestión del género,
poetas que canten al hambre, al hombre,
al nombre de su barrio, al arte y a la industria,
a la estabilidad de las instituciones,
a la mancha de ozono, al agujero
de la revolución, al tajo agrio
de las mujeres, al latido
inaudible del pentium y a la guerra
entendida como continuidad de la política,
del comercio,
del ocio de escribir.

Se necesitan Betos, Titos, Carlos
que escriban poemas. Alejandras y Marthas
que escriban. Nombres para poetas,
anagramas, seudónimos y contraseñas
para el chat room del verso se necesitan.

Una poesía aquí del cirujeo en la veredas.
Una poesía aquí de la mendicidad en las instituciones.
Una poesía de los salones de lectura de versos.

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* Rodolfo Fogwill (1941-2010) fue un escritor y sociólogo argentino. Obtuvo la licenciatura en Sociología en la Universidad de Buenos Aires donde se desempeñó como profesor titular. Escribió poemas, cuentos, novelas, ensayos sobre temas relacionados con la comunicación, literatura y política. Conformó la cuadrilla de docentes de la Facultad Libre de Rosario. Entre sus obras se destaca la novela “Los Pichiciegos” (1983) y el libro de cuentos “Muchacha Punk” (1992). En 2004 obtuvo el Premio Nacional de Literatura por su novela Vivir Afuera.

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Shahrnush Parsipur *

MADOJT

Madojt se había plantado junto al arroyo. Durante el otoño no hizo más que gemir. En el barro, sus piernas se congelaban lentamente. Las lluvias otoñales le habían desgarrado la ropa. Se había quedado medio desnuda y en harapos. En invierno temblaba y, durante esta estación, se quedó totalmente congelada. Sus ojos abiertos miraban fijamente el río. El agua corría.

Con la llegada de la primavera y del primer relámpago el hielo se deshizo en su cuerpo. Vio los finos brotes verdes que salían de los dedos de la mano y las raíces que crecían de los dedos de los pies. Durante toda la primavera escuchó con atención el sonido del crecimiento de sus raíces que absorbían la esencia de la tierra y la repartían en su cuerpo. Día y noche lo escuchaba
.
En verano, veía el agua del río de colo verde.

El frío llegó de nuevo con el otoño. Ya no se quejaba. Sus raíces dejaron de crecer y de expandirse.
Durante el invierno, se alimentó del rocío; aunque estaba congelada, podía ver el agua del arroyo y su color verde azulado.

En primavera, su tronco se llenó de brotes verdes. Fue en una preciosa primavera. Había aprendido el canto del arroyo y cuando lo entonaba, su cuerpo se llenaba de alegría. Las hojas se volvían cada vez más verdosas.
En verano, el agua era azul y podía disfrutar mirando los peces.

De nuevo, llegó el frío invierno; el cielo era morado. Pero aun así, su corazón se llenaba de alegría. Su corazón había descubierto la naturaleza del árbol: se lo guardaba todo.

A mediados de invierno, empezó a alimentarse de leche humana. Tenía ganas de reventar. Aún no había llegado la primavera y el hielo se deshacía en su cuerpo. Sentía mucho dolor. Su mirada se había quedado fija en el agua que discurría gota a gota. Madojt se alimentó, durante tres meses de la leche humana. En primavera, experimentó un desgarro lento y continuo en los tendones. Sus arterias se separaban gimiendo, progresivamente.

En su definitiva transformación Madojt se desintegraba en una sensación de parto. Sus ojos se habían salido de las órbitas. Mientras el agua había dejado de ser una masa de gotas para convertirse en etérea, Madojt, suavemente, se abría y se transformaba en una montaña de semillas. Había viento, un viento muy fuerte que entregó la esencia de Madojt al arroyo.

Madojt viajó con el agua, viajó en el agua. Se repartió por el mundo, visitando el universo.

Shahrnush Parsipur

* Shahrnush Parsipur (1945) nació en Teherán, donde la literatura escrita por mujeres debió siempre imponerse al dominante discurso masculino. Fue perseguida y torturada, primero por el régimen del Sha y luego por la República Islámica, emigrando luego a Estados Unidos donde vive. La aclamada película “The Last Word” se basa en su obra y en su valiente resistencia a la intolerancia.
Este relato es un capítulo de su novela “Mujeres sin hombres”, novela que “por momentos recuerda Las mil y una noches y en otros, recupera con solvencia lo mejor del realismo mágico y la tradición occidental”. Pertenece a la colección Narradoras de Orillas Lejanas, editado por Capital intelectual (2009).

Guillermina de la Cal

Ilustración: Guillermina de la Cal

Mascha Kaléko *

EL CÉLEBRE SENTIMIENTO

Cuando morí por vez primera
―aún sé cómo ocurrió―,
morí en silencio y fue del todo,
pasó en Hamburgo, el mes de abril,
y yo tenía dieciocho.
Cuando morí por vez segunda
la muerte me hizo daño.
Yo te dejé bien poca cosa:
el corazón batiendo en tu portón,
sobre la nieve huellas rojas.
Pero al morir por vez tercera
no me dolió ya tanto.
Tan cotidiana como el pan
y los vestidos fue la muerte.
Ya no me muero más.

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* Mascha Kaléko (1907, Galizia, Imperio Austrohúngaro -hoy Polonia-, 1975, Zürich, Suiza) fue una conocida poeta en idioma alemán, asociada al movimiento de la nueva objetividad en la literatura. En 1933 publico su libro “Lyrische Stenogrammheft” (Cuadernos líricos estenográficos) del que Martin Heidegger dijo “sus cuadernos estenográficos demuestran que Usted sabe todo lo que a los mortales les está dado saber.“ Muchos de sus poemas fueron convertidos en canciones.

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Fragmento de 1964 (inédito)

pero mientras haya hombres que no tengan tiempo para ser hombres
mientras exista un solo niño que no recuerde ninguno de los lugares
donde fue niño
mientras los disparos no se vuelvan lágrimas
mientras otros nos atajen las balas
mientras continuemos charlando sobre la amistad y tratemos
al amigo como un libro para subrayar solo en algunas líneas interesantes
mientras el verbo no sea también encarnar los pétalos vivos de la rosa
junto a todas las verdades y los virus del hombre
mientras la verdad de algunos diarios sea más urgente
que la verdad de no leerlos
mientras suceden estas cosas dudo
si aún puedo continuar
a solas
con mis palabras
ahora
que ellas están solas y necesitan más que nunca
mi soledad.

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Mario Morales (Pehuajó, 1936 – Ciudad de Buenos Aires, Argentina 1987). Es autor de los libros “Cartas a mi sangre” (1958), “Variaciones concretas” (1962), “Plegarias o el eco de un silencio” (1974).

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Jorge Amado *

COMO UNA ESTRELLA DE CABELLERA RUBIA

En los muelles de Bahía cuentan que cuando un hombre valiente muere se convierte en estrella del cielo. Así ocurrió con Zumbi, con Lucas de Feira, con Besouro, todos negros valientes. Pero nunca se vio el caso de que una mujer, por más valiente que fuera, se convirtiera en estrella después de su muerte. Algunas, como Rosa de Palmeirao, como María de Cabacu, se habían vuelto santas en los cadomblés. Pero ninguna se había vuelto estrella.

Pedro Bala se tira al agua. No puede quedarse en el depósito, entre llantos y lamentaciones. Quiere acompañar a Dora, quiere irse con ella a vivir a las Terras do Sem Fim de Yemanjá. Nada siempre hacia adelante. Sigue la ruta del saveiro del Querido-de-Deus. Nada, nada sin parar. Ve a Dora delante de él. Dora, su esposa, los brazos extendidos hacia él. Nada hasta que se queda sin fuerzas. Entonces flota, los ojos en las estrellas y en la gran luz amarilla del cielo. ¿Que importa morir cuando se va en busca del ser amado, cuando el amor nos espera?

¿Que importa que los astrónomos digan que fue un cometa que pasó por Bahía esa noche? Pedro Bala vio a Dora hecha estrella, yendo hacia el cielo. Había sido más valiente que todas las mujeres, más valiente que Rosa Palmeirao, que María Cabacu. Tan valiente que antes de morir, aunque era una nena, se había entregado a su amor. por eso se volvió estrella en el cielo. Una estrella de larga cabellera rubia, una estrella como nunca había tenido una noche de Bahía.

La felicidad ilumina el rostro de Pedro Bala. Para él también vino la paz de la noche. Porque ahora sabe que ella brillará para él entre mil estrellas del cielo sin igual de la ciudad negra.

El saveiro del Querido-de-Deus lo recoge

amado
* Jorge Amado (1912-2001) es el escritor de Bahía, Brasil, por excelencia. En muchas de sus obras se mezclan los temas naturalistas y se describe el mágico ambiente de la gente humilde de Bahía. Es autor de “Tierra del sinfín” (1944), “Gabriela, clavo y canela” (1958), “Doña Flor y sus dos maridos” (1966) y “Teresa Batista cansada de guerra” (1973), entre otros. Este cuento pertenece a su libro “Capitanes de arena”