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Marosa di Giorgio *

MISAL CON DIENTES DE AJO

Era un ajo, y sin saber él mismo cómo, estaba ahí en ese estante del aparador. Estaba como todo ajo envuelto en gasa; y tenía varios dedos, o hijos, o testículos; apretados y de tamaño diverso. Por ellos, bajo la gasa, estaba constituido. Y en algún lugar de su ser había también un microscópico cerebro con el que iba registrando todo lo de la casa, sus acciones y sus seres.
Algunos decían: -Mira ese ajo. Pero… qué…!

Él quedaba trémulo.

Se obsesionó por la niña de la casa. La espiaba cuando iba y venía, siempre bajo los velos, blanca como el cristal y el alabastro. No tendría mas de quince, pero por algo que a veces le pasaba por el rostro, representaba treinta. Llevaba una muñeca y un misal. Iba por igual a la capilla y a la escuela.

Un día, porque sí se arrojó en el piso, e hizo ejercicios raros. Él resistió vibrando.
Luego ella se iba a la alcoba y se cerraban esas puertas. Muy de tarde, la señora de la casa lo tomó entre los dedos y dijo: -Pero este ajo?… A ver… A la olla, ya…! O qué?
Pero, después, como si hubiese percibido algo extraño lo dejó allí. Él se dijo: -¡Ah, no! Tengo que proceder. Estoy en peligro. Casi me hierven. Casi…

En eso pasó la niña de paso hacia la alcoba. (Ya había venido la noche negra.) Se le colgó en los velos. Ella entró a su cuarto, cerró la puerta, se despojó de todo. Era blanca y olvidadiza, infinitamente. Y algo lista, también.
Se estiró en la cama debajo de una gasa y se quedó dormida.

Él esperó un instante y luego con un tic le saltó encima. Le recorría el busto, la cintura breve, la barriga dulce. Encontró el sitio obsceno. Merodeó, golpeó y se introdujo. Ella dormida, casi clamó a los padres, pero se dio cuenta. Y fingió seguir durmiendo.

* Marosa di Giorgio Medici (1932-2004) es una poetisa uruguaya que también se aventuró con la prosa erótica y la novela. En su obra, un canto a la naturaleza y a sus mutaciones, la mitología es una constante. Es una de las voces poéticas más singulares de Latinoamérica.
El conjunto de su obra, reunida en «Los papeles salvajes», se amplió con dos volúmenes que incluyeron «La liebre de marzo»,
«Mesa de esmeralda», «La falena», «Membrillo de Lusana» y «Diamelas de Clementina Médici».

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