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Miguel Angel Morelli

EL BORGES NUESTRO DE CADA DIA

Si hoy tengo más cara de dormido que la habitual (suponiendo que esto fuera posible) no es tanto por el madrugón, sino porque anoche me quedé chateando hasta las 3 de la mañana con alguien que no entendía (o mejor, no entiende, porque no creo que lo haya convencido) que mi pasión por la literatura borgeana no me impide pensar que un enorme porcentaje de sus declaraciones políticas resultaron invenciblemente lamentables. Argumenté que Borges fue un escritor y no un pensador, por lo que su literatura resulta muy superior a sus ideas (a diferencia de Sartre, por ejemplo, cuya obra perdería muy poco espesor -o tal vez ninguno- si prescindiésemos de lo literario). En el fondo -dije también- Borges jamás dejó de ser un joven anarquista, pero no un anarquista social a lo Proudhon (y mucho menos a lo Bakunin), sino más bien alguien de la escuela de Thoreau, aquel anarquismo individualista que llevado al extremo acaba deviniendo otro romanticismo. En fin, terminé diciendo que todas sus opiniones políticas habían partido siempre desde lo íntimo, lo emocional, y que rara vez había logrado la distancia imprescindible para visualizar procesos por encima de circunstancias. Así como el propio Borges escribió en “Funes el memorioso” que la memoria poco y nada tiene que ver con la inteligencia, nosotros podemos añadir que la inteligencia tampoco tiene por qué ser el principal ingrediente del sentido común.

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