Archivos para el mes de: agosto, 2015

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Juan José Arreola *

EL MAPA DE LOS OBJETOS PERDIDOS

El hombre qué me vendió el mapa no tenía nada de extraño. Un tipo común y corriente, un poco enfermo tal vez. Me abordó sencillamente, como esos vendedores que nos salen al paso en la calle. Pidió muy poco dinero por su mapa: quería deshacerse de él a toda costa. Cuando me ofreció una demostración acepté curioso porque era domingo y no tenía qué hacer. Fuimos a un sitio cercano para buscar el triste objeto que tal vez él mismo habría tirado allí, seguro de que nadie iba a recogerlo: una peineta de celuloide, color de rosa, llena de menudas piedrecillas. La guardo todavía entre docenas de baratijas semejantes y le tengo especial cariño porque fue el primer eslabón de la cadena. Lamento que no le acompañen las cosas vendidas y las monedas gastadas. Desde entonces vivo de los hallazgos deparados por el mapa. Vida bastante miserable, es cierto, pero que me ha librado para siempre de toda preocupación. Y a veces, de tiempo en tiempo, aparece en el mapa alguna mujer perdida que se aviene misteriosamente a mis modestos recursos.

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* Juan José Arreola Zúñiga (1918-2001) fue un escritor, académico y editor mexicano. Su obra se caracteriza por una inteligencia profunda y lúdica. Juega con los conceptos, con las situaciones, utiliza símbolos, parodia. Ama los textos breves y significativos. Su prosa es de estilo clásico y depurado.
Recibió el Premio Nacional de Lingüística y Literatura 1976, el Premio Nacional de Periodismo, el Premio Nacional de Programas Culturales de Televisión y la condecoración del gobierno de Francia como oficial de Artes y Letras Francesas.

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 Miguel Angel Morelli

Hoy, 24 de agosto, Jorge Luis Borges cumpliría 116 años. En su homenaje se celebra el Día del Lector. Nada más razonable, porque Borges fue, antes aún que un escritor maravilloso, uno de los mejores lectores que hayamos podido conocer. Torrencial, asistemático y casi siempre anacrónico, pero de una vitalidad única. Un buceador en mundo ajenos al que nada de lo escrito por sus congéneres le resultaba indiferente. Nuestro escritor siempre fue de la idea, y así lo dejó escrito,que los hombres no venimos sino para sumarle un balbuceo a ese gran libro que erigimos entre todos, testimonio de un milagro del que no entendemos muy bien ni su cómo ni su para qué:

“De los diversos instrumentos del hombre, el más asombroso es, sin duda, el libro. Los demás son extensiones de su cuerpo. El microscopio, el telescopio, son extensiones de su vista; el teléfono es extensión de la voz; luego tenemos el arado y la espada, extensiones de su brazo. Pero el libro es otra cosa: el libro es una extensión de la memoria y de la imaginación”.

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Imagen: Mamá. Mariana Ruiz

Francisco Rodríguez Criado *

PECHOS

El rostro de la mujer, que no cumplía ya los cincuenta, moldeó una sonrisa amiga en cuanto hice acto de presencia. Eso fue lo primero que encontré después de tanta oscuridad: la caricia de una sonrisa que insinuaba: “Llevo años esperándote”. Para no malograr sus sueños, me enamoré locamente de ella. Diré la verdad: no era atractiva. Tenía un peinado algo anticuado. Nada de Coco Chanel o salones de belleza. Y además era mayor que yo… ¡Pero qué calor habría de emanar su fornido cuerpo! ¡Qué calidez en aquel envase a buen seguro sin utilizar! ¡Qué caudal de deseos sin satisfacer almacenados en los rincones de su alma! Yo (¡sí, yo!) haría de ella mi madre y mi amante al mismo tiempo. Durante unos instantes (toda una vida) retozaríamos por los jardines prohibidos del amor. Sin complejos. ¿Qué importaban la imperfección de sus curvas y mi falta de experiencia en el juego de la seducción? ¡Me lanzaría a su regazo y treparía hasta  hundirme en lo más profundo de aquellas inmensas y esponjosas ubres y, una vez en ellas, construiría una madriguera de la que nadie pudiese rescatarme! Este servidor, tan poco viajado, entendía aquellos brazos como el pasaporte a nuevos y fructíferos territorios sin explorar. Aquello sería un gran banquete pasional. ¡Un banquete lleno de pechos, pechos y nada más que pechos! Un buen comienzo a fin de cuentas, pensé. ¡Pero antes de asaltar el escote de mi querida enfermera habría que esperar a que alguien se dignase cortar el maldito cordón umbilical!

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  • Francisco Rodríguez Criado nació en Cáceres, España (1967) Es autor de cuatro libros de relatos: Sopa de pescado (Editora Regional de Extremadura, Mérida, 2001), Los Bustamante, una familia del siglo XXI, (Diputación de Badajoz, 2001), Siete minutos(La bolsa de pipas, Palma de Mallorca, 2003) y Un elefante en Harrods (De la Luna Libros, Mérida, 2006). También es autor de la recopilación de articuentos Textamentos (Alcancía, Cáceres, 2005) y de la novela Historias de Ciconia (De la Luna Libros), novela ambientada íntegramente en la ciudad de Cáceres, publicada también en De la Luna Libros, en 2008.
    Algunos de sus cuentos han sido premiados o han resultado finalistas en diversos certámenes literarios. Artículos, poemas y cuentos suyos han visto la luz en revistas y periódicos de España y México. Es colaborador de “El Periódico” de Extremadura, donde mantiene desde diciembre de 2005 la columna semanal de opinión “Textamentos”, cuya versión digital puede visitarse en su blog Ciconia.

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Cuando Gandhi estudiaba Derecho en Londres, un profesor de apellido Peters le tenía mala voluntad; pero, el alumno Gandhi nunca le bajó la cabeza y eran muy comunes sus encuentros:

Un día Peters estaba almorzando en el comedor de la Universidad y el alumno viene con su bandeja y se sienta a su lado; el profesor, altanero, le dice: “Joven Gandhi, Ud. no entiende! Un puerco y un pájaro, no se sientan a comer juntos”; a lo que Gandhi le contesta: ” Esté Usted tranquilo profesor, yo me voy volando”, y se cambió de mesa… El Señor Peters verde de rabia, decide vengarse en el próximo examen; pero, el alumno responde con brillantez a todas las preguntas. Entonces, le hace la siguiente interpelación: “Gandhi, Ud. va caminando por la calle y se encuentra con una bolsa, dentro de ella está la sabiduría y mucho dinero, ¿cuál de los dos se lleva? “… Gandhi responde sin titubear: “¡Claro que el dinero, profesor!” El profesor sonriendo le dice ” Yo, en su lugar, hubiera agarrado la sabiduría, ¿no le parece?”… Gandhi responde: ” Cada uno toma lo que no tiene profesor”. El profesor Peters, histérico ya, escribe en la hoja del examen: “IDIOTA” y se la devuelve al joven Gandhi… Gandhi toma la hoja y se sienta. Al cabo de unos minutos se dirige al profesor y le dice: “Profesor Peters, Usted me ha firmado la hoja, pero no me puso la nota”.

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Francisco Rodríguez Criado *

NAUFRAGIO

Después de pasar toda la noche braceando en las frías aguas del Atlántico, llegó exhausto a la orilla justo cuando empezaban a clarear las primeras luces de la mañana. Exhausto, se arrojó sobre la arena y, palpando tierra seca, se echó a llorar de rabia y alegría: sabía que estaba a salvo. Cuando se giró para maldecir a ese desaprensivo océano que había tratado de acabar con su vida, vio que allí no había agua sino un inhóspito e interminable desierto. ¡Un desierto! El náufrago se echó a llorar de nuevo. Pero de repente vislumbró a lo lejos un reluciente oasis. Venciendo al cansancio, empezó a correr en dirección hacia el oasis. El suelo, duro y agreste, lastimaba sus pies desnudos. Loco de emoción –el objetivo estaba cada vez más cerca–, el náufrago recobró la creencia de que la felicidad es posible. Aquel pensamiento no duró demasiado, porque a pocos metros de alcanzar el oasis el desierto se cubrió nuevamente con las frías aguas del Atlántico. Su vida volvía a correr peligro.
Tuvo que sacar fuerzas de flaqueza para bracear por segunda vez hasta ganar la orilla. Afortunadamente, en esta ocasión las olas jugaban a su favor. Y también por segunda vez alcanzó la arena, tumbándose sobre ella, más exhausto aun si cabe, ahora con más rabia que alegría, prometiéndose no abrir los ojos bajo ningún concepto. Y en esa posición hubiera estado un día entero de no ser porque su mujer entró en la habitación, vistiendo un raída bata de color fucsia, los rulos en la cabeza y los brazos en jarras, para preguntarle, airada, si tenía pensado quedarse toda la mañana del domingo en la cama, o si por el contrario iba a levantarse de una vez para ayudarle en las tareas domésticas.
El hombre, incapaz de seguir escuchando la voz agreste de su malhumorada esposa, por la que ya no sentía sino hastío, se tapó los oídos y hundió el rostro en la vivificante arena.

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* Francisco Rodríguez Criado es un escritor español, (Cáceres, 1967) autor de novelas, cuentos, microrrelatos y obras de teatro, su obra ha aparecido en varias antologías españolas de narrativa breve. Es columnista de El Periódico Extremadura e imparte cursos de escritura creativa desde 2004. Es colaborador habitual de la revista mexicana Ombligo, con sede en Ciudad Juárez.