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Viviana Ayilef *

Enfrascarse. Apunte sobre la lectura.
¿Vieron lo difícil que es abrir un frasco de mermelada? En mi caso, por ejemplo, envuelvo su base con un trapo y acerco la zona de arriba hacia el fuego. Esa técnica la aprendí de pequeña y no falla. Otros, los que tienen fuerza, a fuerza de brazos musculosos lo abren. Como sea, “enfrascarse” debe tener que ver con el carácter sellado, intransigente del que se mete en un frasco y se hace el difícil. Pero NO. No se hace: ES. Nadie es más difícil que el que aparece enfrascado en un libro. Puede haber un porno en desfile pero él no levanta la vista; puede literalmente romperse el mundo en pedazos, que el lector no se astilla. En mi caso, mis hijos me gritan: “¡No te vayas AL libro!”, “¡Otra vez EN tus libros!”, expresiones que dicen que el libro es un viaje, dimensión paralela a lo que pasa en el mundo: pero la dimensión elegida. Por eso, querido paseante, cuando usted cruce en una plaza o en un café de su ciudad a un lector enfrascado, no se acerque a saludarlo: su presencia molesta. Si el lector eligió el frasco y no su charla o la de cualquier homo sapiens, es porque se solaza en la mermelada, pegajosa y dulce, que disfruta lamiendo. Mermelada es una palabra que tiene en su origen, dicen, tanto al membrillo como a la manzana. Bueno, quería decirles que si el lector mordió ya la manzana y le trabó la puerta del frasco, pase derechito y chito: está llegando un orgasmo y si lo estorba fastidia. Salvo que tenga algún fuego como el de la hornalla que destape el frasco, o unos vigorosos brazos. Esa, es la única instancia en la que cualquier lectura puede negociarse.    

Arte poética

La poesía viene después.

Antes están los eternos compañeros,
las miradas de los hijos,
los viajes extendidos por los hombres,
—entre sus sombras,
sobre sus cuerpos,
por sus historias otras—.

Y la palabra
siempre— vendrá después:
antes la lluvia, el desplazarse.
Vivir migrando entre lo propio más ajeno:
en las ausencias,
en los despojos.

Porque si viene,
aunque tardía,
toda palabra llegará
únicamente
para calmarnos.

Antes la sed.
Antes,
la vida.

* Viviana Ayilef nació en 1981. Vive en Trelew, Chubut, Patagonia Argentina, y es Licenciada en Letras egresada de la Universidad Nacional de la Patagonia. Publicó en 2012 el poemario “Agua de otoño/ kelleñü”.

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