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Hijos del arrebato y del capricho, los seres humanos respondemos más a la chiripa y a la contingencia que a la planificación meticulosa. El destino -rosa dispuesta a todos los vientos, mapa torcido a múltiples puertos- no es sino una ocurrencia desgraciada, a veces venturosa, a medio camino entre el azar y la sorpresa.

Rafael Toriz (México) La ciudad alucinada

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