Archivos para la categoría: Ciencia

terra incognita

La Universidad de Virgina (UVA), concebida antes de 1800 y establecida en 1819; que fuera inaugurada por el mismísimo Thomas Jefferson, y única universidad estadounidense señalada como Patrimonio de la Humanidad, ofrece acceso público a bellos y raros volúmenes de la “Mc Gregor Library”.

Gracias a su digitalización, con foco en el descubrimiento de América, se puede acceder desde cualquier computadora con conexión a Internet a valiosos documentos que sólo se podían estudiar en la sede de la universidad en Charlottesville.

Muchos de los nuevos volúmenes digitalizados representan los primeros intentos de Europa de crear mapas del Nuevo Mundo.

Uno de de esos libros, ampliamente considerado como el primer atlas moderno, titulado “Geographie” fue publicado en Strasbourg en 1513 por Johann Scott. Fue el primero en añadir veinte nuevos mapas basados en las exploraciones recientes de los españoles y portugueses.

A pesar de que “America” ya estaba en uso, los cartógrafos decidieron nombrar su boceto de Florida, el Caribe y el noreste de Brasil como “Terra Incognita”, quizás como un reconocimiento de aquellas tierras que sabían que faltaban mapear.

Es que las noticias de exploración llegaban tan rápido que al momento de ser publicado, el mapa mundial de Scott ya estaba desactualizado. Aún así, los exquisitos mapas pintados a mano fueron muy reconocidos por los viajeros acaudalados de la época.

Para capturar cada detalle el equipo de digitalización de la UVA dependió de cámaras de alta resolución montadas en un punto fijo sobre los volúmenes para asegurar precisión. Su objetivo es recrear la sensación de ver el libro en persona lo mejor posible.

“Hacemos cada página. Si está en blanco, lo hacemos de todas formas” dice el manager del proyecto de Digital Production Group, Lois Widmer. “Tratamos de crear la misma experiencia que tendría uno si estuviera pasando las páginas.”

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Carlos Skliar *

TRAVESÍAS

El maestro debería viajar. E invitar a viajar. Dejar pasar lo que ya sabe. Atravesar lo que no sabe. Pasar un signo, una palabra, que pueda atravesar a quien lo reciba. Salirse de sí. Irse de excursión al mundo. Dar un signo de ese mundo. Pasarlo. Pasearlo. Construir la travesía del educar. Que el tiempo no pase como pasa el tiempo. Educar es el tiempo de la detención, de lo que se detiene para escuchar, para mirar, para escribir, para leer, para pensar. Donde unos y otros salen a conocer y desconocer qué es lo que les pasa. Más allá de desde dónde venimos. Más allá de hacia dónde vamos.

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* Carlos Skliar (Buenos Aires, 1960) es investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas de la Argentina (CONICET), y del Área de Educación de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales.Es Doctor en Fonología, con Especialidad en Problemas de la Comunicación Humana con estudios de Pos-doctorado en Educación por la Universidad Federal de Río Grande do Sul, Brasil y por la Universidad de Barcelona, España. Ha sido profesor adjunto de la Facultad de Educación de la Universidad Federal de Río Grande do Sul, Brasil, y profesor visitante en: Universidad de Barcelona, Universidad de Siegen (Alemania), Universidad Metropolitana de Chile, Universidad Pedagógica de Bogotá y Universidad Pedagógica de Caracas.
Es autor de los libros de poemas Primera Conjunción (1981), Hilos después (2009) y Voz apenas (2011), del libro de aforismos y ensayos La intimidad y la alteridad (2006). Recientemente ha publicado los títulos No tienen prisa las palabras (Candaya, 2012) y Hablar con desconocidos (Candaya, 2014).
Es también autor de varios libros de pedagogía y filosofía, entre ellos “Lo dicho, lo escrito, lo ignorado” (Tercer premio nacional de Ensayo, Secretaría de Cultura de Nación, 2013).

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Patricio Brodsky

LA IMPORTANCIA DEL TRASERO DE LOS CABALLOS

El ancho de las vías del ferrocarril en Estados Unidos es de 4 pies y 8.5 pulgadas. Es una magnitud bastante extraña. ¿Por qué se usa precisamente esa medida?. Porque así es como se hace en Gran Bretaña, y las primeras vías férreas en Norteamérica fueron construidas por los ingleses ¿Por qué los ingleses usaban esa magnitud? Porque los primeros ferrocarriles fueron construidos por las mismas personas que habían construido los antiguos tranvías, y esa era su medida. ¿Y por qué usaban tal cifra? Porque se valían de las mismas plantillas y herramientas que se empleaban para construir los carruajes. Esa era la distancia entre las ruedas. ¿Y por qué era exactamente esa la magnitud del espacio entre las ruedas? Porque si hubiesen usado otra medida cualquiera, los carruajes se habrían hecho pedazos en algún viejo camino inglés, ya que esa es la distancia entre los surcos (huellas dejadas por las ruedas de un carro).¿Quién construyó esos viejos caminos? Las primeras carreteras de larga distancia en Europa, y específicamente en Inglaterra, fueron construidas por el Imperio romano, para el paso de sus legiones. ¿A qué se deben los surcos en dichos caminos? Los carros de guerra de las legiones romanas formaron, con el paso del tiempo, los surcos iniciales, que los otros tuvieron que imitar después para no destruir las ruedas de sus carruajes. Todos los carros del Imperio romano tenían el mismo espacio entre las ruedas, equivalente al tamaño de las ancas de dos caballos.
Entonces, el ancho de las vías férreas en Estados Unidos deriva de las especificaciones originales de los carros de guerra Romanos.
Pero hay algo más. Las naves espaciales tienen, a los lados del tanque de combustible principal, dos grandes cohetes. Son llamados SRB, Solid Rocket Boosters, construidos por Thiokol en su fábrica de UTA. Los ingenieros que los diseñaron habrían preferido hacerlos un poco más anchos, pero no fue posible. Los SRB han de ser enviados por tren desde la fábrica hasta el lugar de lanzamiento de la nave. La linea férrea pasa por un túnel en las montañas, y si los cohetes fueran mas anchos, simplemente no cabrían. Así, el diseño de los cohetes impulsores de las naves que viajan al espacio fue determinado hace 2000 años por el tamaño de las ancas de los caballos romanos.

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El 07 de abril de 1947 muere en Dearborn, Míchigan, Estados Unidos, Henry Ford (1863-1947). Ford creó la “Ford Motor Company” (1903), ofreciendo el doble de sueldo que las demás compañías y recibiendo por ello a las personas más experimentado proveniente de otras compañías. En 1908 apareció en el mercado el “Ford T”, un automóvil sencillo de conducir y barato, logrando colocar el automóvil al alcance de las clases medias y comenzando la era del consumo en masa.

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Fragmentos del libro “EL MADRYN OLVIDADO” de JUAN MEISEN.

FORD T- El automóvil genial con mucha historia en la Patagonia.
Sin lugar a dudas Henry Ford fue un genio, un genio que nació en el momento preciso y en el lugar mas oportuno para que nazca un genio, por ello el gran triunfo en la vida, tanto como inventor como constructor y como comerciante. El Ford T venía de Estados Unidos en un cajón de unos dos metros con ochenta de largo, por unos escasos dos metros de alto como de ancho. De fábrica venía con las gomas infladas, con aceite y agua. El cajón tenía su parte exterior de madera de pinotea cepillada y machimbrada, armado con clavos estañados y bulones en todos sus costados y en la parte interior totalmente forrado con una chapa de zinc puro y con ventiluces con gruesa tela metálica para los respiraderos. Se sacaba una de las cabeceras y salía el nuevo auto, igual como puede nacer cualquier pollo. En esos momentos era un auto muy chiquito, pero se colocaban los guardabarros y estribos con sus respectivos zócalos y ya empezaba a crecer. Se le armaban los parantes de los 2 vidrios del parabrisa, los faroles, se desplegaba la capota y ya quedaba convertido en un auto grande. Luego comenzaban los accesorios; tacitas en las 4 mazas de ruedas, cortinas en las puertas, cajas de herramientas y repuestos en los estribos, llantas de auxilio en la parte posterior, los soportes de la capota plegada y el claxon. Se le vaciaba una lata de nafta en el tanque y ya teníamos listo el auto para su primer paseo por este mundo. La precisión Ford era tal, que como ahora, se lo armaba todo y se enviaba a cualquier mercado del mundo sin probar, seguros que una vez desembalado y completada su carrocería, seguro…pero seguro que salía funcionando correctamente. No traían ni bomba de agua, ni magneto de alta tensión ni caja de cambios y con un solo elástico delantero y uno trasero. Todas las piezas que lo componían eran intercambiables de un auto a otro o de un modelo a otro.
Un señor que tenía coche de alquiler marchaba con sus pasajeros rumbo al norte, cuando en determinado momento se le salieron los bulones a una biela y el cigueñal la golpeó y rompió el motor, sacando la biela por un agujero que se le hizo en el block. Cuando levantaron el capot y vieron tremendo boquete en el motor, por donde asomaba un trozo de hierro torcido, humo y aceite, los pasajeros creyeron que se quedarían tirados en el camino hasta tanto pasara alguien que los pudiera llevar al pueblo mas cercado que estaba a unos 80 Km. La desesperación parecía aumentar por lo que decidieron bajar sus equipajes para improvisar un campamento, pero el chofer, ducho en estos motores, los tranquilizó con un; “no bajen nada que enseguida continuamos viaje” y sacando de su bien provisto cajón de herramientas un rollo de alambre, empezó a atar la biela salida para que no pueda introducirse nuevamente en el motor y hacer otra rotura, que esta vez sí los dejaría varados. Cuando la biela quedó bien asegurada, preguntó “¿ alguien de ustedes me puede prestar una alpargata ?”. Conseguida ésta la colocó sobre el boquete y también la aseguró con alambre…puso en marcha el motor y tre, tre, tre, tre, tre, en tres cilíndros llegaron a destino.
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incunable

Incunable “Herbarius Latino”, 1484, impreso por Peter Schöffer

HERBARIOS

Desde la antigüedad, los botánicos, particularmente interesados en el estudio de las plantas medicinales que eran denominadas «hierbas», mantenían colecciones representativas de estas plantas, preparadas y conservadas con fines de referencia.
Durante la Edad Media la palabra «herbario» se refería a un libro de botánica, específicamente relacionado con las plantas medicinales, en el que se enumeraban los productos naturales producidos por las plantas, raramente de los animales y minerales, con valor terapéutico. Era un libro de medicamentos simples, integrados por un solo componente, procedentes de la naturaleza, especialmente de las plantas.
Durante el período manuscrito, antes de la invención de la imprenta, los escritos se ilustraban para hacerlos más inteligibles; y con este fin se acompañaban los textos con ilustraciones coloreadas. No obstante, los sucesivos copistas iban añadiendo distorsiones de forma progresiva -esto ocurrió a lo largo de mil años-, por lo que las ilustraciones, en vez de resultar una ayuda, se acabaron convirtiendo en un obstáculo para la claridad y precisión de las descripciones.Los primeros herbarios proveían solamente información sobre las propiedades medicinales, reales o imaginarias, de un grupo de plantas.
Hoy existen más de 3.300 herbarios públicos en el mundo,24 los cuales contienen unos 270 millones de plantas secas y prensadas, que representan además de las 250.000 especies de plantas vasculares conocidas hasta el momento, muchas otras aún no identificadas. Toda la información respecto a estos herbarios se encuentra en el Index herbariorum, obra en la que a cada herbario se le designa con una sigla particular además de proveer información adicional acerca de la dirección de cada herbario, el número de ejemplares que posee, el nombre de los principales especialistas que allí trabajan y el nombre de los principales colectores.
También existen hoy los herbarios virtuales, que nacieron como una herramienta de consulta gratuita a disposición de todos aquellos que quieran conocer los distintas plantas de una determinada región, su ecología, distribución, nomenclatura, taxonomía, y está dirigida a estudios científicos, organismos públicos, grupos ecologistas, asociaciones vinculadas a la naturaleza, o simplemente, a quienes quieran identificar las plantas a través de sus fotografías.

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Tratado tibetano de medicina, plantas y animales.

Esta fotografía con tan mala definición es un documento muy valioso. La tomó la sonda Voyager 1, en 1990, cuando, justo antes de abandonar el Sistema Solar, dirigió su cámara hacia el Sol, a una distancia de más de 6.000 millones de km. Es la fotografía mas lejana de la tierra jamás tomada. El minúsculo punto de luz azul es la Tierra, vista desde los confines del Sistema Solar. Esta imagen inspiró un artículo del astrónomo estadounidense Carl Sagan (1934-1996), que llamó «Reflexiones sobre una mota de polvo». A continuación, un fragmento de ese artículo.
foto tierra voyager 1

“VIVIMOS EN UNA MOTA DE POLVO”

«Conseguimos tomar esa fotografía [desde el espacio profundo] y, si la observas, verás una mota. Es aquí. Es nuestra casa. Somos nosotros. En esa mota, cualquiera de quien haya oído hablar, cualquier ser humano que haya existido, vivió su vida. El conjunto de nuestras alegrías y sufrimientos, miles de religiones, ideologías y doctrinas económicas, cada cazador y cada recolector, cada héroe y cada cobarde […] cada rey y cada campesino, cada joven pareja enamorada, cada niño lleno de esperanza, cada madre y cada padre, cada inventor y cada explorador, cada santo y cada farsante en la historia de nuestra especie, vivieron en una mota de polvo, suspendida en un rayo de Sol.
La Tierra es una pequeña etapa en un inmenso estadio cósmico. Pensad en los ríos de sangre vertidos por todos aquellos generales y emperadores para que, en su gloria y triunfo, pudieran convertirse en amos momentáneos de una fracción de una mota de polvo. Pensad en las crueldades sin fin infligidas por los habitantes de una esquina de la mota en los apenas distinguibles habitantes de alguna otra esquina. Qué frecuentes sus incomprensiones, su propensión a matarse entre ellos, qué fervientes sus odios. Nuestra imaginaria importancia, la ilusión de que tenemos alguna posición privilegiada en el Universo, son desafiadas por este punto de pálida luz.»

“Un punto azul pálido: una visión del futuro humano en el espacio”, de Carl Sagan. (1994)