De y por: El Gabinete del Ocio de Fedosy Santaella

La damisela-protagonista que muta en súper guerrera, la ciencia-brujería como perversión del hombre, los zombis al servicio del mal y por supuesto, el mismo zombi constituyen la gran herencia de William Seabrook.

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SEABROOK EL OSCURO

Me gusta encontrar personas fascinantes por el camino de las lecturas, personas que han vivido vidas de personajes de ficción. William Seabrook es uno de ellos. Nacido en 1884 en Maryland. Seabrook perteneció a ese jaez de norteamericanos de la segunda década del siglo XX que salió a descubrir mundo, que creyó en la aventura, en la épica, en el esoterismo y en la escritura. Algunos lo ubican junto a aquellos escritores norteamericanos de la llamada Generación perdida, entre los que se encuentran Hemingway, Steinbeck y Faulkner. Era un hombre culto, desilusionado del emporio de la razón, crítico de la modernidad. Vivió el desencanto de la Primera Guerra Mundial y compartió inquietudes existenciales y artísticas muy similares a la de los surrealistas y los dadaístas. Su tiempo postulaba la búsqueda de nuevas fronteras, más oscuras, más del mal incluso. Estudió metafísica y filosofía en Europa, pero también estuvo profundamente interesado por la magia y el esoterismo.

Durante un tiempo se dedicó a hacer fortuna como publicista en Atlanta, donde contrajo matrimonio con la hija de un alto ejecutivo de la Coca-Cola. Pero lo suyo era el mundo, así que, llegada la gran guerra, se anotó de enfermero. El gas mostaza lo afectó en la batalla de Verdún, le dieron de baja y regresó a su país. Cargaba con una condecoración de guerra y tenía ganas de cambiar de vida. Se mudó a Nueva York y trabajó de reportero para The New York Times. Empezó a escribir ficción. Conoció al H. L. Mencken, fundador de la revista Black Mask y se acogió bajo su ala protectora. En 1920 se encontró con Aleister Crowley, llamado también el Baphomet, la Bestia y el hombre más malo del mundo, Crowley fue un muy influyente ocultista y místico su generis que practicaba magia negra y sexual. Fundó su propia religión, la de Thelema, con abadía incluso. Con supuestos fines místicos usaba drogas con profusión y se daba a la bisexualidad. Pero la vida disipada no le impidió ser un maestro del ajedrez y de la meditación, un atrevido montañista y un experto ciclista y piragüista, así como insigne viajero.

En aquel encuentro, Seabrook y el mago probaron comunicarse sólo con un monosílabo durante una semana. Lo hicieron con la intención de alcanzar un nivel mental y espiritual cercano al de los animales. La experiencia luego sería narrada por el escritor a manera de fábula oriental en el cuento que se titula «Wow», precisamente la palabra que él y Crowley utilizaron en la semana monosilábica.

Poco después, Seabrook iniciaría su famoso periplo de viajes. Quería escribir reportajes inéditos, adentrarse en lo que consideraba los secretos que según él creía, daban poder y trascendencia. Estuvo en los territorios árabes, entre beduinos; dijo haber descubierto lugares incógnitos, gente con sabiduría, misterios profundos; así lo contó en el libro Aventuras de Arabia.

 

EL REINO DE LOS ZOMBIS

En 1928 William Seabrook viajó a Haití. Allí estuvo durante un año y de esa experiencia surgió, al año siguiente, La isla mágica. Seabrook habló del país, de la política, de la sociedad y de algo más que hizo célebre al libro.

Según lo relatado, Seabrook se introdujo en los vericuetos de las prácticas religiosas de la isla bajo la tutela de una tal Mamá Celie, una vieja sacerdotisa que lo llevó a conocer la existencia de unos muertos vivos que trabajaban en el campo; es decir, muertos trabajadores, esclavos de potentados. Se refería, claro está, al vudú y a esa extraña criatura que hoy conocemos bajo la rúbrica de zombi.

Por La isla mágica la casa editorial le dio a Seabrook lo que para aquel entonces era una buena cantidad de dinero: quince mil dólares en adelanto. No hubo fallo en el anticipo: el libro fue un éxito de ventas.

Más adelante, Seabrook publicaría Jungle Days, donde narra su estadía de ocho meses con la tribu caníbal de los gueré en la Costa de Marfil. En esas páginas el autor llega a afirmar que la carne de ternera es la única que se puede comparar con la carne humana.

En el capítulo II de La Isla mágica, titulado «Magia negra», Seabrook presenta unos relatos que dan cuenta de los zombis y del vudú. En ellos introducirá lo que luego serán unas constantes o unos motivos temáticos y estructurales que más tarde pasarían con fuerza evidente al cine.

El relato titulado «La pálida esposa de Toussel» recoge (o inaugura para nosotros) el tema de la damisela, el amor, el marido atroz y el zombi. La historia se desarrolla en Puerto Príncipe y nos presenta a Camille, una joven mulata, sobrina de un caballero haitiano que la apadrina y la presenta en sociedad. Como es una muchacha humilde, pocos hombres la toman en serio, hasta que finalmente aparece «Matthieu Toussel, un rico cultivador de café de Morne Hôpital». Toussel, es importante destacar, no es hombre blanco.

Era de piel oscura y la doblaba en edad, pero rico, cosmopolita y bien educado. La casa principal de residencia de los Toussel, en la falda de las colinas y que daba a Puerto Príncipe, no tenía techo de paja y paredes de barro, sino que era un hermosobungalow de madera, con techo de tejas y amplias terrazas, entre un jardín de vivas flores de fuego, palmeras y buganvillas.

William Seabrook. «La pálida esposa de Toussel» en Zombies! Zombies! Zombies! Otto Penzler, comp. Vintage Crime/Black Lizard (Nueva York, 2011), pag. 10.

También sobre Toussel corre un antiguo rumor. Dicen que está asociado con el vudú o la brujería, «pero tales rumores son normales respecto a casi todos los haitianos que han adquirido poder en las montañas y en el caso de los hombres como Toussel rara vez se toman en serio.» El cultivador contrae matrimonio con Camille y la lleva a vivir a su casa. Todo muy bien al principio. Ella lleva una vida social activa, va a salones de sociedad, se deja ver. Pero luego la actitud del marido cambia. Se muestra oscuro, preocupado y Camille padece tal cambio. La noche del aniversario de bodas, él le ordena que se vista con las mejores galas y luego la lleva a su estudio. Allí hay una mesa preparada para seis comensales. Camille no logra ver bien, el lugar apenas está iluminado por unas velas. Finalmente, ya sentada, cae en cuenta y se llena de horror y locura: sus acompañantes están muertos. Ella huye, Toussel desaparece. Al final, Seabrook (el narrador) interviene en primera persona. Es a todas luces un extranjero que pregunta por ciertas prácticas mágicas. Así nos dice:

Formulé estas preguntas, pero no tuve ninguna explicación convincente o incluso una teoría en respuesta. Hay historias de abominaciones más bien horrendas, impublicables, practicadas por algunos brujos que afirman levantar a los muertos, pero hasta donde yo sé, sólo se trata de historias. Y en cuanto a lo que de verdad sucedió aquella noche, la credibilidad depende de la prueba aportada por una muchacha demente.

William Seabrook. «La pálida esposa de Toussel» en Zombies! Zombies! Zombies! Otto Penzler, comp. Vintage Crime/Black Lizard (Nueva York, 2011), pag. 12.

En «Hombres muertos trabajando en campos de caña», el narrador cuenta que cierta noche haitiana estuvo escuchando los típicos cuentos de terror, vampiros y hombres lobos. Nada que no existiera en América del Norte y en Europa, comenta este narrador. Pero luego Constant Polynice, un granjero haitiano, le habla de los zombis. Es allí cuando el narrador se asombra, nunca había oído hablar de estos terribles seres, personas que han muerto y que justo antes de entrar en estado de putrefacción, son profanadas por ciertos brujos con el fin de destinarlas al cometimiento de crímenes o para trabajar en los campos. Los zombis «no son ni fantasmas ni personas resucitadas como Lázaro», son muertos, explica el narrador, sólo que alguien tiene poder sobre sus acciones. Más adelante, este mismo narrador le pregunta a Polynice por Hasco, una compañía extranjera de muy serias y de modernas credenciales. Polynice le cuenta una historia patética de cómo un negro de nombre Joseph de Columbier llevó a un grupo de zombis a trabajar para esta compañía.

La damisela (o la heroína), el amor, la locura, la compañía trasnacional, el esclavismo, están allí, en esos dos relatos de Seabrook, listos para dar el salto, para convertirse en códigos constantes en el cine de zombis por venir.

 

LOS ZOMBIS VIAJAN A HOLLYWOOD

De una adaptación teatral de las historias de Seabrook, va a surgir la primera cinta sobre el tema. En febrero de 1932 se estrena en Broadway Zombie, una pieza de Kenneth Webb inspirada en La isla mágica. Edward y Víctor Halperin, con prisa y callados (eran productores del cine mudo que no le pidieron permiso a Webb), hicieron saltar la historia a la gran pantalla (con algo de sonido) en agosto del mismo año bajo el nombre de White Zombie.

Neil Parker (John Harron) y Madeleine Short (Magde Bellamy), joven pareja de enamorados, viajan a Haití con el fin de celebrar su matrimonio. Quien los ha invitado, el hacendado Charles Beaumont (Robert Frazer), está enamorado de Madeleine. Cuando ella lo rechaza, Beaumont acude a otro terrateniente de la zona, un hechicero vudú de apellido Murder, quien tiene zombis trabajando en sus tierras. Murder, interpretado nada más y nada menos que por Bela Lugosi, convertirá a Madeleine en zombi poco después de la boda de ella con Neil Parker. Este es el plan de Beaumont: hacerla pasar por muerta, enterrarla y esperar la partida de Parker para luego él sacarla de su tumba y poseerla. A poco de haber sido sepultada, el neófito esposo descubre el complot. Sin embargo, no le alcanza el tiempo para rescatarla, Murder se anticipa y se la lleva a su mansión. Parker y un misionero de nombre Bruner partirán hacia el sitio de captura, allí donde los zombis han sido convertidos en guardaespaldas y asesinos de Murder. Incluso Madelaine, poseída por la magia del villano, se volverá en contra de su amado. Al final, una lucha entre Beaumont y Murder llevará a ambos a la aniquilación. Con la muerte de Murder, Madelaine se librará del hechizo.

En White Zombie podemos identificar los tópicos ya referidos: la mujer protagonista (en los primeros tiempos desprotegida), el esclavista y el zombi que ataca (pero que aún no devora sesos humanos). Ya en nuestra época, la serie cinematográfica Resident Evilhace de la mujer su principal protagonista. Alice, genéticamente alterada, aguerrida, implacable, es la heredera de esa primera Camille de Seabrook, enloquecida por el mal y de Madelaine, convertida en zombi pero liberada por el amor.

En 1943, el film I Walk With a Zombie también nos presenta el tema del vudú, del amor y de la plantación como centro de creación y de reclusión de zombis. En I Walk With a Zombie, dos personajes femeninos, Betsy (Frances Dee) y Jessica (Christine Gordon) serán las dos damas en torno a las cuales girará esta historia situada en una plantación de azúcar en la remota isla caribeña de San Sebastián. Betsy, una enfermera canadiense, ha llegado a la isla para cuidar de Jessica, esposa de Paul, hombre blanco dueño de la plantación. Pronto descubrirá la enfermera que la extraña enfermedad de Jessica tiene que ver con el vudú que repta en los meandros de la plantío y con una riña de amores entre el dueño y su hermano.

Revenge of the Zombies, también de 1943, trabaja la femenina en el personaje de Lila, una chica de Luisiana (estado heredero del vudú) que es convertida en zombi y que aun así se rebela contra su creador, Max von Altermann (John Carradine), un doctor que prepara un ejército de zombis para ponerlo al servicio de la ideología nazi.

El zombi como esclavo del mal también lo vemos I Eat Your Skin, film de 1964 que transcurre en una isla del Caribe. En la historia, el escritor Tom Harris (que ha llegado para hacer una investigación sobre el vudú) descubre un laboratorio secreto donde un científico loco busca una fórmula para detener el proceso de envejecimiento, cuando en realidad termina creando peligrosos zombis.

The Plague Of Zombies, de 1966, se centra en un lejano poblado de nombre Cornwall. Allí comienzan a morir misteriosamente los trabajadores más jóvenes y fuertes. Tras la pista de estas muertes llega sir James Forbes y su hija Sylvia. Sylvia es secuestrada por Squire Hamilton, el dueño de una mina supuestamente abandonada quien vivió algunos años en Haití. Pronto se descubrirá que Hamilton está usando las prácticas de vudú aprendidas en la lejana isla para crear un ejército de zombis esclavos que trabajen para él en la mina. Vemos acá de nuevo a la damisela desprotegida relacionada con el zombi y también el asunto del poder oscuro actuando para construir una masa de esclavos.

En cuanto a este último aspecto, ha quedado claro cómo en los filmes mencionados, el tema del zombi esclavo o convertido en producto abominable de abyectos poderes está presente desde el principio. En la actualidad, filmes como Dead Snow o Død Snø(2009), llevan esa constante a su máxima expresión. El grupo de jóvenes que se va a pasar unos días en una lejana cabaña en medio de la nieve, descubre nada más y nada menos que un enorme cementerio de zombis nazis con sus respectivos oficiales dirigiendo la sanguinaria matanza.

En 1968, George Romero estrena Night Of The Living Dead. Si bien se sabe que este film arquetípico del zombi contemporáneo está inspirado en la figura del monstruo de Frankenstein y en I Am Legend, la novela de vampiros apocalípticos de Richard Matheson, tampoco podemos dejar a un lado el hecho de que el mismo Romero habló de folclor vudú como una de sus influencias. ¿Pero dónde, en el film de Romero, se ve reflejado ese aspecto del zombi al servicio del mal, si en su historia los zombis son apenas una masa de bichos que intentan penetrar una casa para comerse a quienes allí se refugian? Pues no debemos olvidar que estos zombis de Romero surgen —así se especula en una transmisión televisiva en la misma cinta—, como consecuencia de un satélite «contaminado» que regresó a la tierra luego de realizar investigaciones en Venus. La imagen del poder maléfico se ha transformado, sin duda, pero sigue allí presente, como signo de perversión de lo humano. Un país poderoso, Estados Unidos, envió un satélite a Venus y lo que el aparato trae de vuelta es la causa de la plaga zombi. La ciencia sustituye a la magia negra. La ciencia aparece como la fuente del mal, como la nueva magia negra.

Permítaseme hablar de otro film para hacer esto más claro. En la cinta italo-española Let Sleeping Corpses Lie (Non si deve profanare il sonno dei morti), de 1974, el nacimiento de los zombis está ligado a la ciencia.

Los zombis de este film surgen también en unos lejanos sembradíos donde un grupo de granjeros ambiciosos (de las plantaciones de Haití a las plantaciones de Estados Unidos) ha producido unos pesticidas letales que matan a las personas y luego las transforma en zombis. La magia del vudú, como vemos, empieza a mutar hacia la ciencia. Esta variante, ya se dijo, ocupará la imaginería zombi de la cinematografía contemporánea; basta recordar de nuevo la serie de filmes Resident Evil.

 

BREVE FINAL CON CARNE DE TERNERA

Ya se ha visto que a pesar de los efectos especiales fraguados de manera digital y que la acción y la velocidad se imponen y aplastan al horror originario, Seabrook sigue estando presente.

La damisela-protagonista que muta en súper guerrera, la ciencia-brujería como perversión del hombre, los zombis al servicio del mal y por supuesto, el mismo zombi constituyen la gran herencia de William Seabrook.

La estructura narrativa del género, posee sin duda, sus momentos propios, particulares y específicos. No es pues el viaje del héroe, es el viaje del zombi lo que está allí de fondo, variando, mutando, ajustándose a los tiempos, pero siempre, de alguna manera, rindiéndole tributo, girando en torno a la estructura originaria que William Seabrook dejó asentada en sus libros.

Aquel hombre que alguna vez dijo haber comido carne humana y que ésta era más rica que la de ternera, tuvo la suerte de atinar una imagen, un símbolo, un miedo arraigado, un mito oscuro y caníbal para nuestros tiempos oscuros.